Del martirio a la calma diaria: así es la vida de los presos trasladados a Las Parras
- lavegaenaccion
- hace 3 días
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Internos trasladados de La Victoria a la cárcel Las Parras describen un cambio radical: orden, higiene, seguridad y trato digno. Aunque la distancia dificulta las visitas, reclusos y familiares coinciden en que ahora viven con tranquilidad y sin miedo.

“Del cielo a la tierra”: internos y familiares describen el contraste entre La Victoria y Las Parras
Hipólito Féliz lleva diez años privado de libertad. Hoy habla en voz baja, no por falta de energía, sino porque ya no necesita imponerse al ruido. En la Penitenciaría Nacional de La Victoria, recuerda, el silencio no existía. “Eso era una bomba de tiempo”, dice. Allí, asegura, se vivía “entre la vida y la muerte”, rodeado de violencia, drogas y hacinamiento.
Ahora, sentado junto a su esposa durante una visita en el Centro de Corrección y Rehabilitación Las Parras, resume el cambio con una frase que repite sin dudar: “Esto es del cielo a la tierra”.
En La Victoria, explica, quien no tenía cama estaba “tres veces preso”: era el último en acostarse, el primero en levantarse y dormía en el suelo mientras otros caminaban por encima. En Las Parras, en cambio, tiene cama, comida, agua potable y un entorno donde, por primera vez en años, no siente que su vida esté en peligro. “Aquí nosotros respiramos aire fresco”, afirma.
Aunque reconoce que la nueva cárcel está más lejos de su familia y que las visitas se han vuelto más costosas y exigentes, insiste en que el ambiente interno marca la diferencia: orden, higiene y tranquilidad.
Ese contraste también se percibe fuera del recinto. Antes de iniciar las visitas, el ambiente es organizado y sin la tensión que caracterizaba los días de visita en La Victoria. Mujeres con cédulas, medicamentos y fundas con ropa esperan desde temprano, pero sin gritos ni empujones. El dinero no circula en efectivo: se deposita en administración y llega a los internos mediante tickets, un sistema que busca frenar la corrupción que, según los familiares, era habitual en el antiguo penal.
“Esto es una maravilla”, dice Ana Gertrudis Santos, madre de un interno que pasó seis años en La Victoria. Relata que allí su hijo era golpeado con frecuencia y que cada visita implicaba gastos adicionales para sacarlo de castigos o simplemente para sobrevivir. “Cada vez que llevaba dinero, a los cinco minutos había que buscar más”, recuerda. Desde su traslado a Las Parras, asegura, su hijo está tranquilo, trabaja en la cocina y le faltan pocos meses para recuperar la libertad.
Testimonios similares ofrece Ana Gabriela Jiménez, hija de Carmona Jiménez, quien ha notado un cambio evidente en el ánimo de su padre desde su traslado. “Antes siempre había problemas y tensión. Ahora me dice que está cómodo y que el trato es mejor”, explica.
Dentro del recinto, los internos confirman esa percepción. Franklin Sánchez, preso desde hace cinco años, asegura que en Las Parras no existen jerarquías informales ni vicios. “Aquí somos todos iguales”, afirma. Nadie alquila camas, nadie duerme en el suelo y la convivencia se rige por normas claras y supervisión constante.
Ese orden, según las autoridades, no es casual. Amauris de Jesús Soriano, subdirector de seguridad del centro, explica que Las Parras alberga actualmente unos 600 privados de libertad trasladados desde La Victoria y otros centros, aunque su capacidad supera los 2,400 internos. El recinto cuenta con servicios médicos, odontológicos, cámaras de vigilancia y controles que han influido en el comportamiento de los reclusos.
La distancia sigue siendo el principal reto. Para muchos familiares, visitar Las Parras implica gastos de transporte que pueden rondar los 600 pesos por jornada. Esther Batista, esposa de Hipólito Féliz, sale de su casa a las cinco de la mañana para llegar a tiempo a la visita. Aun así, dice que el sacrificio vale la pena. “Ahora yo estoy tranquila. Antes no dormía pensando que en cualquier momento me llamarían para decirme que lo mataron”.
Hoy, Hipólito y otros internos duermen sin miedo. Sus familias ya no temen que la condena se convierta en una cuenta regresiva de supervivencia. Para ellos, Las Parras no es solo una nueva cárcel: es la diferencia entre vivir con temor constante y cumplir una pena en condiciones que, por primera vez, consideran humanas.
Diario Libre. (2026, 12 de enero). “Las parras y los presos”: narran el cambio de su vida desde La Victoria. Diario Libre. https://www.diariolibre.com/actualidad/reportajes/2026/01/12/las-parras-los-presos-narran-el-cambio-de-su-vida-desde-la-victoria/3401199












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