top of page
  • Facebook
  • Instagram
  • WhatsApp
  • X

Evangelio del día

  • 11 feb
  • 1 Min. de lectura

Jesús enseña que la impureza no viene de lo externo, sino del corazón humano. Lo que contamina al hombre son los malos pensamientos y acciones que nacen dentro: envidia, orgullo, fraudes, malicia y desenfreno.


Jesús enseña que la verdadera impureza nace del corazón

En el Evangelio proclamado hoy, Jesús ofrece una enseñanza central sobre la pureza interior y la verdadera raíz del pecado. Frente a la multitud, el Señor declara con firmeza que no es lo externo lo que contamina al ser humano, sino aquello que brota desde dentro.


“Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre”, afirma Jesús, invitando a todos a escuchar y comprender.


Más tarde, en privado, sus discípulos le piden una explicación. Jesús aclara que los alimentos no pueden manchar el corazón, pues solo pasan por el cuerpo. Con esta afirmación, el Evangelio señala que Cristo declara puros todos los alimentos, rompiendo con antiguas normas rituales.


Sin embargo, Jesús dirige la mirada hacia lo esencial: el interior del ser humano. Desde el corazón centro de las decisiones, intenciones y pensamientos nacen las verdaderas impurezas.


El Señor enumera una lista de actitudes y acciones que dañan profundamente al hombre y a la sociedad: pensamientos perversos, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, envidia, orgullo y frivolidad.


Con este mensaje, Jesús nos recuerda que la fe no se reduce a apariencias externas o reglas superficiales, sino que exige una conversión auténtica del corazón. La verdadera limpieza espiritual comienza dentro, donde se libran las batallas más profundas del alma.

Comentarios


© 2025 Creado por Red Estelar Media Group

Contacto

Privacidad

Cookies

Condiciones

bottom of page