Evangelio del día
- lavegaenaccion
- 15 dic 2025
- 2 Min. de lectura
Jesús cuestiona a quienes dudan de su autoridad, llevándolos a reconocer su incoherencia frente al bautismo de Juan. El Evangelio invita a la honestidad interior y a no temer la verdad cuando interpela la fe.

La autoridad que nace de la verdad
En el Evangelio de hoy, Jesús es confrontado en el templo por los sumos sacerdotes y los ancianos, representantes del poder religioso de su tiempo. La pregunta que le formulan no es ingenua: “¿Con qué autoridad haces esto?”. No buscan comprender, sino poner en duda, desacreditar y controlar.
Jesús, fiel a su pedagogía, no entra en la trampa. Responde con otra pregunta que desenmascara la incoherencia de sus interlocutores: “El bautismo de Juan, ¿venía del cielo o de los hombres?”. Con ello, los obliga a mirarse por dentro y a reconocer su miedo. No temen a Dios, temen a la gente. No buscan la verdad, buscan proteger su posición.
La respuesta “no sabemos” no nace de la ignorancia, sino de la conveniencia. Es la renuncia a la verdad para no asumir consecuencias. Por eso Jesús también guarda silencio: quien no es capaz de reconocer la verdad, no puede comprender la autoridad auténtica.
Este pasaje nos interpela hoy. ¿Desde dónde ejercemos nuestras decisiones, nuestras opiniones, nuestra fe? ¿Desde la verdad o desde el cálculo? Jesús nos recuerda que la verdadera autoridad no se impone, se reconoce; no viene del poder humano, sino de la coherencia entre lo que se cree, se dice y se vive.
El Evangelio deja una lección clara: cuando se rechaza la verdad por miedo, se pierde la capacidad de comprender a Dios. Y solo quien se abre con honestidad puede reconocer la autoridad que viene del cielo.












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