Evangelio del dia
- lavegaenaccion
- 16 dic 2025
- 2 Min. de lectura
Jesús enseña que no basta decir sí a Dios, sino cumplir su voluntad con hechos. En la parábola de los dos hijos, el que se arrepiente y actúa es quien agrada al Padre, incluso por delante de quienes solo hablan.

Comentario al Evangelio (Mt 21, 28-32)
El pasaje de este Evangelio confronta con una verdad incómoda: no basta decir “sí” a Dios, lo decisivo es hacer su voluntad. Jesús utiliza una parábola sencilla dos hijos, una orden clara y dos respuestas opuestas para desnudar la distancia que muchas veces existe entre el discurso religioso y la conversión real.
El primer hijo se niega de palabra, pero se arrepiente y actúa. El segundo promete obediencia, pero no cumple. La enseñanza es directa: la fidelidad a Dios no se mide por declaraciones públicas ni por títulos religiosos, sino por la capacidad de rectificar, cambiar y obrar con justicia.
Por eso la afirmación de Jesús resulta tan provocadora para sus oyentes: los publicanos y las prostitutas preceden en el Reino de Dios a quienes se consideran moralmente correctos. No porque su pasado sea ejemplar, sino porque supieron creer, arrepentirse y cambiar cuando escucharon el llamado de Juan Bautista.
El mensaje apunta al corazón de la fe cristiana: la conversión es siempre posible, pero también siempre exigente. La religiosidad vacía, que se conforma con fórmulas y apariencias, queda al descubierto. En cambio, quienes reconocen su fragilidad y se abren a la verdad, aun desde situaciones de pecado, encuentran un camino real hacia Dios.
Este Evangelio invita a una revisión personal y comunitaria:
¿Nos quedamos en el “sí” cómodo de las palabras o asumimos el riesgo del compromiso?
¿Nos creemos dentro por costumbre o caminamos cada día hacia la coherencia?
La voluntad del Padre no se hereda ni se proclama: se vive.












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