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Evangelio del dia

  • 20 ene
  • 1 Min. de lectura

Jesús defiende a sus discípulos y enseña que la ley está al servicio de la persona. Recuerda a David y afirma que el sábado fue hecho para el hombre, mostrando que la misericordia está por encima del legalismo.


Reflexión del Evangelio

En este pasaje, Jesús confronta una visión rígida de la ley representada por los fariseos. Para ellos, el sábado era una norma absoluta; para Jesús, en cambio, la ley encuentra su verdadero sentido cuando está al servicio de la vida y de la dignidad humana.


Al recordar el gesto de David, Jesús demuestra que incluso en la tradición bíblica la necesidad del ser humano ha estado por encima de la norma ritual. El hambre, la fragilidad y la vida concreta no pueden quedar subordinadas a una interpretación legalista de la voluntad de Dios.


La frase central del Evangelio «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado» revela el corazón del mensaje cristiano: Dios no impone cargas que oprimen, sino caminos que liberan. La ley, cuando se separa del amor y de la misericordia, pierde su razón de ser.


Jesús se presenta además como Señor del sábado, afirmando su autoridad divina y recordando que en Él se cumple plenamente la voluntad del Padre. No se trata de abolir la ley, sino de devolverle su sentido original: conducir al ser humano hacia la vida plena.


Este Evangelio invita a revisar nuestras actitudes cotidianas. ¿Vivimos la fe como un conjunto de normas frías o como una experiencia que genera compasión, justicia y cercanía con el otro? La verdadera observancia cristiana nace del amor y se expresa en el servicio.

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