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Evangelio del dia

  • 10 feb
  • 1 Min. de lectura

Jesús sana a un hombre sordo y casi mudo en la Decápolis. Con el gesto y la palabra “Effetá”, le abre los oídos y suelta su lengua. La gente, maravillada, proclama: “Todo lo ha hecho bien”.


Jesús pronuncia “Effetá” y devuelve la voz y el oído a un hombre en la Decápolis

En el Evangelio proclamado este miércoles, según san Marcos (Mc 7, 31-37), se narra uno de los gestos más conmovedores del ministerio de Jesús: la curación de un hombre sordo que apenas podía hablar.


El relato sitúa a Jesús atravesando la región de la Decápolis, después de salir del territorio de Tiro y Sidón. Allí, algunas personas le presentan a un hombre con graves dificultades para oír y expresarse, y le suplican que le imponga las manos.


Jesús, en un gesto profundamente humano y cercano, lo aparta de la multitud para estar a solas con él. Luego realiza una acción simbólica: toca sus oídos y su lengua, mira al cielo y pronuncia una palabra aramea cargada de fuerza espiritual:


“Effetá”, que significa: “Ábrete”.


De inmediato, el hombre recupera el oído y su lengua se libera, comenzando a hablar correctamente.


Aunque Jesús pide discreción, la reacción de quienes presencian el milagro es imparable. Llenos de asombro, proclaman con entusiasmo:


“Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.


Este pasaje no solo muestra el poder sanador de Cristo, sino también su deseo de abrir los sentidos del ser humano: no solo para escuchar palabras, sino para escuchar a Dios; no solo para hablar, sino para anunciar esperanza.

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