Evangelio del dia
- 16 feb
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Jesús responde a los fariseos que piden un signo del cielo. Suspira con tristeza ante la falta de fe de esa generación y afirma que no se les dará ninguna señal. Luego los deja y se marcha a la otra orilla.

Reflexión del Evangelio (Mc 8, 11-13)
En este Evangelio vemos a los fariseos acercarse a Jesús, no con un corazón abierto, sino con intención de ponerlo a prueba. Le piden un “signo del cielo”, como si la fe dependiera únicamente de milagros espectaculares o pruebas visibles.
Jesús suspira profundamente. Ese suspiro expresa tristeza y cansancio espiritual: no porque no pueda hacer signos, sino porque sabe que quienes los piden no buscan creer, sino exigir, controlar o dudar.
Este pasaje nos invita a preguntarnos:
¿Cuántas veces nosotros también pedimos señales para confiar?
A veces queremos certezas absolutas antes de dar un paso, antes de creer, antes de amar o perdonar.
Pero Jesús nos enseña que la fe no se sostiene solo en milagros externos, sino en una confianza interior, en reconocer su presencia en lo cotidiano: en la Palabra, en la paz, en el amor sencillo, en la vida misma.
Al final, Jesús se marcha “a la otra orilla”. Es un gesto fuerte: cuando el corazón se cierra, ni el signo más grande es suficiente.
Mensaje para hoy
No vivamos esperando pruebas extraordinarias. Dios ya habla en lo pequeño, en lo simple, en lo que muchas veces pasamos por alto.
Pidamos un corazón humilde, capaz de creer sin exigir, y de reconocer que el mayor signo es Cristo mismo caminando con nosotros.




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