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Evangelio del día

  • lavegaenaccion
  • 17 dic 2025
  • 2 Min. de lectura

El Evangelio de este miércoles presenta la genealogía de Jesucristo, hijo de David y de Abrahán. San Mateo muestra cómo Dios actúa en la historia humana hasta el nacimiento de Jesús, el Mesías esperado y salvador.



Reflexión sobre el Evangelio (Mt 1, 1-17)

La genealogía de Jesucristo que presenta el evangelista Mateo no es una simple lista de nombres. Es, ante todo, una proclamación de fe: Dios cumple sus promesas a lo largo de la historia humana, incluso a través de sus luces y sombras. Jesús no aparece aislado ni fuera del tiempo, sino profundamente enraizado en la historia concreta de un pueblo.


Mateo subraya que Jesús es hijo de David y de Abrahán, es decir, heredero de la promesa y del reino. En esta genealogía aparecen reyes justos y otros infieles, hombres y mujeres marcados por el pecado, el sufrimiento, el exilio y la esperanza. Dios no borra esa historia; la asume y la transforma.


Llama especialmente la atención la presencia de mujeres extranjeras o con historias difíciles, como Tamar, Rajab y Rut. Con ellas, el Evangelio anticipa que la salvación no estará reservada a unos pocos, sino abierta a todos, sin excluir a nadie por su origen o pasado.


La genealogía culmina en José, esposo de María, y en Jesús, el Cristo. Así se revela que la fidelidad silenciosa, la obediencia y la confianza también forman parte esencial del plan de Dios. Jesús nace de una historia humana real, pero trae consigo una novedad radical: Dios entra definitivamente en nuestra vida para salvarla desde dentro.


Este Evangelio nos recuerda que nuestra propia historia, con sus heridas y aciertos, también puede ser lugar de salvación. Nada de lo humano es ajeno a Dios cuando se vive con fe y esperanza.


Palabra del Señor.

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