Evangelio del día
- lavegaenaccion
- 19 dic 2025
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El ángel Gabriel anuncia a Zacarías el nacimiento de Juan Bautista, pese a su vejez y la esterilidad de Isabel. Por dudar, Zacarías queda mudo hasta el cumplimiento de la promesa, que traerá alegría y preparará al pueblo para el Señor.

Reflexión del Evangelio (Lc 1, 5-25)
El anuncio del nacimiento de Juan Bautista nos sitúa ante un Dios que actúa en el silencio, en el tiempo oportuno y más allá de las limitaciones humanas. Zacarías e Isabel son presentados como un matrimonio justo y fiel, pero marcado por una herida profunda: la esterilidad y la vejez. A los ojos de la sociedad de su tiempo, esa condición era motivo de vergüenza; ante Dios, sin embargo, no era un obstáculo para su promesa.
La escena en el templo revela cómo lo extraordinario irrumpe en lo cotidiano. Zacarías cumple su servicio sacerdotal como tantas otras veces, cuando el ángel Gabriel se le manifiesta con una noticia que desborda toda lógica humana. Dios ha escuchado su oración, incluso aquella que quizá ya no se atrevía a formular. El anuncio de Juan no es solo un consuelo personal, sino parte de un plan mayor: preparar un pueblo bien dispuesto para la venida del Señor.
La duda de Zacarías no nace de la rebeldía, sino del cansancio y del realismo humano. Sin embargo, su falta de fe le conduce al silencio. Este mutismo no es un castigo meramente punitivo, sino un tiempo pedagógico: Zacarías deberá aprender a confiar, a escuchar y a dejar que Dios actúe sin imponerle condiciones.
Isabel, por su parte, vive su maternidad como un acto de misericordia divina. Reconoce que es el Señor quien ha quitado su oprobio y ha transformado su historia. En ella se anticipa la alegría de la salvación que viene.
Este Evangelio nos invita a creer que Dios sigue obrando incluso cuando todo parece estéril, tardío o imposible. Nos recuerda que sus promesas se cumplen, no según nuestros cálculos, sino según su amor y su tiempo perfecto.












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