Evangelio del día
- 13 ene
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Jesús enseña en Cafarnaún con autoridad y expulsa a un espíritu inmundo con una sola palabra. La gente queda asombrada al ver que incluso los demonios le obedecen y su fama se extiende por toda Galilea.

Jesús irrumpe en Cafarnaún con una enseñanza que impacta por su autoridad
Cafarnaún.– La escena ocurrida un sábado en la sinagoga de Cafarnaún marcó un punto de inflexión en el inicio del ministerio público de Jesús. Según relata el Evangelio de Marcos (1, 21-28), su forma de enseñar provocó un asombro inmediato entre los presentes, al distinguirse claramente del estilo habitual de los escribas.
Quienes lo escuchaban percibieron una autoridad nueva, directa y convincente, que no se apoyaba únicamente en la interpretación de la Ley, sino en una palabra firme y transformadora. Ese impacto se intensificó cuando un hombre poseído por un espíritu inmundo interrumpió la enseñanza con un grito desafiante, reconociendo en Jesús al “Santo de Dios”.
Lejos de entrar en discusión, Jesús respondió con una orden breve y contundente: “¡Cállate y sal de él!”. El espíritu inmundo abandonó al hombre de manera violenta, ante la mirada atónita de la asamblea. El hecho provocó una reacción generalizada de estupor y preguntas entre los asistentes, que se interrogaban sobre la naturaleza de aquella enseñanza capaz incluso de someter a los espíritus impuros.
El episodio consolidó rápidamente la reputación de Jesús. Su fama se extendió de inmediato por toda la región de Galilea, donde comenzó a ser reconocido no solo como un maestro distinto, sino como alguien cuya palabra tenía poder real sobre el mal.
Este pasaje subraya uno de los rasgos centrales del mensaje cristiano: una autoridad que no se impone por la fuerza, sino que libera y transforma, dejando una huella profunda en quienes son testigos de ella.




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