Evangelio del día
- lavegaenaccion
- hace 8 horas
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Jesús sana a un leproso que se acerca con fe y confianza. Movido a compasión, lo toca y lo deja limpio. Aunque le pide silencio, el hombre divulga el milagro y Jesús se retira a lugares solitarios, seguido por la multitud.

Evangelio del día: Jesús sana al leproso y desafía las barreras de la exclusión
El Evangelio según san Marcos (Mc 1, 40-45) presenta este día uno de los gestos más elocuentes del ministerio de Jesús: la curación de un leproso, un hombre marcado por la enfermedad y la exclusión social. El pasaje subraya no solo el poder sanador de Jesús, sino también su profunda compasión ante el sufrimiento humano.
El relato describe cómo el leproso se acerca a Jesús con una súplica cargada de fe: “Si quieres, puedes limpiarme”. La respuesta de Jesús es inmediata y contundente. Movido a compasión, extiende la mano un gesto impensable en la cultura de la época, que prohibía tocar a los leprosos y pronuncia palabras que resumen su misión: “Quiero: queda limpio”. La lepra desaparece al instante.
Tras la curación, Jesús pide discreción al hombre sanado y le ordena cumplir con la ley de Moisés, presentándose ante el sacerdote y ofreciendo el sacrificio prescrito. El objetivo era dar testimonio oficial de su curación y facilitar su reintegración a la comunidad. Sin embargo, el hombre desobedece y comienza a divulgar lo ocurrido, lo que provoca que Jesús ya no pueda entrar públicamente en los pueblos y deba permanecer en lugares solitarios, adonde la gente acude igualmente desde todas partes.
Este episodio pone de relieve una constante del Evangelio: la misericordia de Jesús rompe barreras religiosas y sociales, pero también genera consecuencias inesperadas. Al tocar al leproso, Jesús asume simbólicamente su marginación, mientras el hombre recupera su dignidad y su lugar en la sociedad.
El mensaje central del pasaje invita a reflexionar sobre la compasión activa, capaz de ir más allá de normas y prejuicios, y sobre la responsabilidad de quienes han experimentado una transformación profunda. El Evangelio recuerda que la fe auténtica no solo sana, sino que también compromete.












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