Evangelio del día
- 22 ene
- 2 Min. de lectura
Jesús se retira al lago con sus discípulos y una gran multitud lo sigue desde distintas regiones. Al sanar a muchos, los enfermos y los espíritus impuros lo reconocen, pero él ordena silencio para no revelar su identidad.

El Evangelio del viernes resalta la fuerza sanadora de Jesús y el reconocimiento de su identidad
En la liturgia de este viernes, la Iglesia proclama el Evangelio según san Marcos (3,7-12), un pasaje que muestra la creciente dimensión pública del ministerio de Jesús y el impacto que sus obras generaban entre las multitudes.
El relato sitúa a Jesús a orillas del lago de Galilea, adonde se retira acompañado de sus discípulos. Sin embargo, lejos de encontrar aislamiento, es seguido por una multitud proveniente no solo de Galilea, sino también de Judea, Jerusalén, Idumea, la Transjordania y regiones paganas como Tiro y Sidón. La escena subraya la amplitud geográfica y social de su influencia, que trasciende fronteras religiosas y culturales.
El evangelista destaca que la gente acudía movida por lo que había oído de Jesús: sus curaciones y su autoridad sobre el mal. Tal era la presión del gentío que el Maestro pide a sus discípulos tener preparada una lancha, para evitar ser agobiado por la multitud que buscaba tocarlo en busca de sanación.
Uno de los elementos centrales del pasaje es el reconocimiento de Jesús por parte de los espíritus inmundos, que se postran ante él proclamando: “Tú eres el Hijo de Dios”. No obstante, Jesús les ordena callar, reafirmando el llamado “secreto mesiánico” característico del Evangelio de Marcos, donde la verdadera identidad del Mesías no debe ser revelada prematuramente ni desde voces que no comprenden su misión.
El texto invita a los fieles a reflexionar sobre una fe que no se quede solo en la búsqueda de milagros, sino que avance hacia el reconocimiento profundo de quién es Jesús y qué implica seguirlo. En medio de la multitud, el Evangelio recuerda que el encuentro auténtico con Cristo va más allá del contacto físico: exige escucha, conversión y compromiso.




Comentarios