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Evangelio del día

  • 23 ene
  • 1 Min. de lectura

Jesús sube al monte y llama a quienes quiso para que estuvieran con él. Instituye a los Doce, dándoles la misión de predicar y autoridad para expulsar demonios, formando el núcleo de su comunidad y envío misionero.


Reflexión – Mc 3, 13-19

Jesús sube al monte y llama a los que Él quiere. No es una convocatoria abierta ni basada en méritos visibles; es una elección nacida del corazón de Dios. Los llama, primero, para que estén con Él. Antes de la misión, antes del envío y de la autoridad, está la cercanía, la relación, la amistad.


Los Doce no son perfectos: hay impulsivos, dudosos, ambiciosos e incluso uno que lo traicionará. Y aun así, Jesús los elige. Esto nos recuerda que la vocación cristiana no se apoya en nuestras capacidades, sino en la confianza que Dios pone en nosotros.


Ser llamados implica dos cosas inseparables: permanecer con Jesús y salir a anunciar. No se puede anunciar de verdad sin haber estado antes con Él, ni quedarse solo en la intimidad sin dejarse enviar. La autoridad que reciben incluso sobre el mal nace de esa comunión.


Este evangelio nos invita a preguntarnos hoy:

¿Me dejo llamar por Jesús tal como soy?

¿Busco estar con Él antes de actuar?

¿Acepto que, aun con mis fragilidades, Dios cuenta conmigo?


El Señor sigue llamando. La respuesta empieza por subir al monte, escuchar su voz y caminar con Él.

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