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Evangelio del día

  • 4 feb
  • 1 Min. de lectura

En Mc 6,1-6 Jesús enseña en su ciudad, pero muchos lo rechazan por conocer su origen. Él recuerda que ningún profeta es valorado en su tierra. La falta de fe impide milagros, y Jesús sigue anunciando en otros pueblos.


Jesús regresa a su pueblo, pero encuentra incredulidad entre los suyos

Nazaret.– Jesús volvió a su ciudad acompañado de sus discípulos y, como era su costumbre, el sábado acudió a la sinagoga para enseñar. Su presencia despertó una fuerte expectación entre los habitantes del lugar, quienes escuchaban con asombro sus palabras y se preguntaban de dónde provenía la sabiduría que mostraba.


Sin embargo, la admiración inicial pronto se transformó en duda. Muchos comenzaron a cuestionar su origen humilde, recordando que era conocido como “el carpintero, el hijo de María”, y que su familia vivía entre ellos. Esa familiaridad se convirtió en motivo de escándalo y rechazo.


Ante esta actitud, Jesús pronunció una frase que marcaría el momento:


“No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa”.


El evangelio señala que, debido a la falta de fe de su gente, Jesús no pudo realizar allí grandes milagros, limitándose a curar a algunos enfermos mediante la imposición de manos. El episodio concluye con Jesús sorprendido por la incredulidad de los suyos, mientras continúa su misión recorriendo los pueblos cercanos y enseñando.


Este pasaje deja como reflexión el desafío de reconocer lo extraordinario incluso cuando surge de lo cotidiano, y recuerda que la fe es clave para acoger el mensaje y la acción de Dios.

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