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Evangelio del día

  • 13 feb
  • 1 Min. de lectura

El Evangelio de este sábado (Mc 7,31-37) presenta la curación de un hombre sordo y casi mudo. Jesús, con un gesto cercano y misericordioso, pronuncia “Effetá” (“Ábrete”) y lo sana. La Iglesia lo interpreta como un llamado a abrir el corazón, escuchar la Palabra y comunicar la fe con esperanza.



El Evangelio del sábado invita a “abrirse” a la fe y a la esperanza

Ciudad del Vaticano.– La liturgia de este sábado presenta un pasaje profundamente simbólico del Evangelio según san Marcos (7,31-37), donde Jesús realiza uno de sus milagros más conmovedores: la curación de un hombre sordo que apenas podía hablar.


El relato sitúa a Jesús atravesando la región de la Decápolis, cuando le es presentado un hombre con dificultades auditivas y del habla. La comunidad le suplica que imponga sus manos sobre él, buscando alivio y sanación.


Un gesto íntimo de misericordia


Jesús, apartándolo de la multitud, realiza un gesto cercano y personal: toca sus oídos y su lengua, mira al cielo y pronuncia una palabra cargada de fuerza espiritual: “Effetá”, que significa “Ábrete”.


De inmediato, el hombre recupera el oído y la capacidad de hablar con claridad, provocando el asombro de todos los presentes.


“Todo lo ha hecho bien”


Aunque Jesús pide discreción, la multitud no puede contener su emoción y proclama con insistencia el milagro:


“Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.”


Este Evangelio es interpretado por la Iglesia como un llamado no solo a la curación física, sino también a abrir el corazón, escuchar con atención la Palabra de Dios y recuperar la capacidad de comunicar la fe con alegría.

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