Evangelio del día
- 2 mar
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En Lc 6, 36-38, Jesús llama a ser misericordiosos, no juzgar ni condenar, y practicar el perdón y la generosidad. Enseña que con la misma medida con que tratemos a los demás seremos tratados, y que quien da con amor recibirá en abundancia.

Jesús llama a la misericordia y al perdón como medida de vida
El Evangelio de hoy, tomado del Evangelio de Lucas (Lc 6, 36-38), recoge una enseñanza directa de Jesucristo centrada en la misericordia, el perdón y la generosidad como pilares de la vida cristiana.
Dirigiéndose a sus discípulos, Jesús establece un principio fundamental: “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso”. La invitación no solo propone una actitud ética, sino una identificación con el modo de actuar de Dios. La misericordia se convierte así en el modelo que debe guiar las relaciones humanas.
El mensaje continúa con una advertencia clara: no juzgar ni condenar. Según el texto, la forma en que cada persona trate a los demás será la misma medida con la que será tratada. “Perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará”, afirma Jesús, subrayando la lógica de reciprocidad que rige la vida espiritual.
La imagen de una “medida generosa, colmada, remecida, rebosante” refuerza la idea de abundancia divina: quien actúa con bondad y desprendimiento recibe más de lo que ofrece. El pasaje concluye recordando que la vara con que se mide al prójimo será la misma que se aplique a uno mismo.
Este fragmento evangélico plantea un llamado concreto a la coherencia y a la compasión, proponiendo la misericordia como camino seguro hacia una convivencia más justa y fraterna.




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