Evangelio del día
- 4 mar
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Jesús anuncia su pasión y muerte camino a Jerusalén. Ante la ambición de los hijos de Zebedeo, enseña que la verdadera grandeza está en servir y no en dominar. El Hijo del hombre vino a entregar su vida por muchos.

Evangelio según Evangelio de Mateo (Mt 20, 17-28)
En este pasaje, Jesús anuncia por tercera vez su pasión mientras sube a Jerusalén. Habla con claridad a los Doce: será entregado, condenado a muerte, burlado, azotado y crucificado, pero al tercer día resucitará. Es un momento solemne; el Maestro revela el camino del sufrimiento que culminará en vida nueva.
En contraste con ese anuncio, surge la petición de la madre de los hijos de Zebedeo, que pide puestos de honor para sus hijos en el Reino. La escena refleja una expectativa muy humana: alcanzar poder, reconocimiento y privilegio. Jesús responde con una pregunta decisiva: “¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?”. El cáliz simboliza el sufrimiento y la entrega total. Ellos responden con valentía, aunque sin comprender del todo lo que implica.
Ante la indignación de los otros discípulos, Jesús ofrece una enseñanza que transforma la lógica del poder: en su comunidad no debe haber dominio ni opresión. La verdadera grandeza no está en imponerse, sino en servir. “El que quiera ser grande, que sea vuestro servidor”. Así redefine la autoridad como entrega y el liderazgo como servicio.
El pasaje culmina con una frase clave del Evangelio: el Hijo del hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos. Jesús presenta su propia vida como modelo: el camino hacia la gloria pasa por la cruz; la verdadera realeza se manifiesta en el amor que se dona.
Reflexión
Este texto invita a revisar nuestras motivaciones. ¿Buscamos reconocimiento o estamos dispuestos a servir en lo oculto? El Evangelio nos recuerda que seguir a Cristo implica compartir su cáliz: aceptar sacrificios, renunciar al egoísmo y optar por el bien de los demás.
La grandeza cristiana no se mide por títulos ni posiciones, sino por la capacidad de amar y servir. Allí donde alguien se entrega por los otros, allí comienza el Reino.




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