Evangelio del día
- 20 mar
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Jesús predica en el templo pese a amenazas; aunque intentan arrestarlo, no lo logran porque aún no llega su hora, revelando su misión divina.

Jesús desafía a sus adversarios en Jerusalén mientras crece la tensión en torno a su misión
Jerusalén. En medio de un ambiente de creciente tensión, Jesucristo continuó su predicación pública durante la festividad judía de las Tiendas, pese a las amenazas en su contra por parte de líderes religiosos que buscaban darle muerte.
De acuerdo con el relato del Evangelio según San Juan Evangelista, Jesús había permanecido inicialmente en Galilea para evitar los riesgos en Judea. Sin embargo, decidió trasladarse a Jerusalén de manera discreta, integrándose luego a las enseñanzas en el templo.
Su presencia generó debate entre los habitantes de la ciudad, quienes cuestionaban tanto su identidad como su origen. Algunos se preguntaban si realmente se trataba del Mesías esperado, mientras otros dudaban debido a que conocían su procedencia, lo que contrastaba con la creencia popular sobre la llegada del enviado.
Durante su intervención en el templo, Jesús afirmó que no actuaba por cuenta propia, sino enviado por Dios, a quien según expresó sus oyentes no conocían verdaderamente. Sus declaraciones intensificaron las tensiones con las autoridades.
A pesar de los intentos por arrestarlo, el relato señala que nadie logró detenerlo, ya que, según la tradición, “todavía no había llegado su hora”, en referencia al momento establecido para el cumplimiento de su misión.
El episodio refleja el creciente conflicto entre Jesús y los líderes de su tiempo, en un contexto marcado por expectativas mesiánicas y profundas divisiones religiosas.




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