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Evangelio del día

  • 23 mar
  • 1 Min. de lectura

Jesús evita la condena de una mujer acusada de adulterio y llama a la reflexión: quien esté sin pecado que juzgue. El mensaje resalta la misericordia, el perdón y la necesidad de cambiar de vida.



Jesús llama a la misericordia y a la conversión ante el pecado

Jerusalén.– En el Evangelio según Evangelio de Juan (Jn 8, 1-11), se presenta uno de los pasajes más impactantes del mensaje de Jesús, centrado en el perdón, la justicia y la reflexión personal.


El relato describe cómo Jesucristo se encontraba enseñando en el templo, cuando escribas y fariseos llevaron ante él a una mujer sorprendida en adulterio, con la intención de ponerlo a prueba. Basados en la ley de Moisés, plantearon que debía ser apedreada, buscando comprometerlo públicamente.


Ante la insistencia, Jesús respondió con una frase que ha trascendido a lo largo de los siglos: “El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra”. Con estas palabras, el Maestro desvió el enfoque de la condena hacia la conciencia individual.


Uno a uno, comenzando por los más ancianos, los acusadores se retiraron, dejando sola a la mujer frente a Jesús. En ese momento, el mensaje central del Evangelio se hace evidente: la misericordia por encima del juicio.


Jesús no aprueba el pecado, pero tampoco condena a la persona, invitándola a una transformación de vida. “Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más”, le dijo.


Este pasaje resalta un llamado a la introspección, a evitar la hipocresía y a practicar la compasión, pilares fundamentales del mensaje cristiano.

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