República Dominicana ante la nueva era del poder tecnológico
- 23 ene
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El Foro de Davos confirma que la inteligencia artificial es el nuevo eje del poder global. EE. UU., China y Rusia compiten por liderazgo tecnológico, mientras países sin energía, talento y Estado digital corren el riesgo de quedar rezagados.

La inteligencia artificial como poder: Davos confirma el giro del orden global
En enero de 2025, a pocos días de iniciar el nuevo gobierno de Donald Trump, publiqué el artículo “Trump, Stargate y el mundo que se avecina”. En ese texto advertía que no se trataba de un simple cambio de administración, sino de un viraje estratégico profundo: Estados Unidos había decidido apostar de manera decidida por la investigación, la tecnología, la infraestructura y la concentración de recursos como base de lo que la nueva gestión definió como el inicio de una “Era Dorada”.
Un año después, las discusiones de la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos confirman plenamente aquella lectura. El lenguaje dominante ya no es el de la globalización optimista, la sostenibilidad abstracta o la gobernanza difusa. El centro del debate ha cambiado: hoy se habla de poder tecnológico, seguridad, energía, datos e inteligencia artificial.
La inteligencia artificial dejó de ser una promesa futurista para convertirse en el nuevo eje del poder global.
La creación de Stargate, la empresa de inteligencia artificial impulsada por el gobierno estadounidense junto a OpenAI, Oracle y SoftBank, con inversiones que rondan los 500 mil millones de dólares, marcó un punto de no retorno. No se trata únicamente de desarrollo tecnológico, sino de una alianza Estado–sector privado comparable, por sus implicaciones estratégicas, a la carrera nuclear del siglo XX.
La respuesta no se hizo esperar. Al día siguiente de la juramentación de Trump, China y Rusia reafirmaron su alianza estratégica. No fue un gesto simbólico, sino una señal clara de que la competencia es sistémica. De un lado, poder militar y vastos recursos naturales; del otro, población, manufactura y escala económica.
Desde entonces, la estrategia estadounidense ha sido explícita: expansión territorial hacia Canadá y Groenlandia, presión sobre rutas críticas como el Canal de Panamá, aumento de la producción energética, fortalecimiento militar, inversión masiva en semiconductores, centros de datos e infraestructura tecnológica, y una redefinición progresiva de su rol como “policía internacional”. Todo converge en un solo objetivo: asegurar el liderazgo absoluto de Estados Unidos en la era de la inteligencia artificial.
En Davos también se habló con claridad de un fenómeno inquietante: la IA puede provocar una nueva gran divergencia global. Durante décadas, los países emergentes crecieron más rápido que los desarrollados, reduciendo brechas. Hoy ese proceso corre el riesgo de revertirse. Aquellos países que concentren energía confiable, infraestructura digital, datos de calidad, talento y control de estándares tecnológicos capturarán aumentos exponenciales de productividad. El resto quedará atrapado en economías dependientes, consumidoras de tecnología ajena y con bajo valor agregado.
El problema no es “tener IA”. La IA será accesible. El verdadero riesgo es no contar con las condiciones estructurales para utilizarla de manera productiva, segura y soberana.
República Dominicana no está al margen de esta dinámica. Su modelo económico basado en servicios, turismo, zonas francas y logística es altamente susceptible de ser transformado por la inteligencia artificial, pero también vulnerable si no se adapta a tiempo.
El primer gran desafío es la energía. En la era de la IA, la electricidad deja de ser un tema sectorial y se convierte en un factor de competitividad y seguridad nacional. Un país con pérdidas elevadas, apagones e inestabilidad energética no puede aspirar a insertarse en las nuevas cadenas de valor tecnológicas.
El segundo reto es el Estado. Un aparato público que no incorpore inteligencia artificial en compras, aduanas, salud y recaudación no solo es ineficiente, sino frágil. Hoy la IA es una herramienta clave contra la corrupción, el despilfarro y la mala gestión.
El tercero es el capital humano. La IA no elimina el trabajo; elimina el trabajo sin habilidades. Sin una estrategia nacional de reconversión laboral, formación técnica y alfabetización digital, la tecnología ampliará desigualdades en lugar de reducirlas.
Y el cuarto desafío, frecuentemente ignorado, es la democracia. Deepfakes, manipulación informativa, evidencia digital falsa y campañas automatizadas ya no son riesgos futuros: son amenazas presentes.
Este no es un llamado al alarmismo, sino a la estrategia. En el nuevo orden global no todos los países serán potencias creadoras de modelos de frontera. Muchos serán nodos confiables de adopción, servicios y cumplimiento de estándares. República Dominicana puede aspirar a ese rol si actúa con visión.
Nearshoring avanzado, servicios profesionales aumentados por IA, ciberseguridad, certificación tecnológica, logística inteligente y turismo de alto valor son oportunidades reales. Pero no llegarán solas. Requieren decisión política, inversión estratégica y una narrativa de Estado, no de coyuntura.
Como advertí hace un año, no entender el cambio equivale a perder poder. Davos lo confirmó: la inteligencia artificial es geopolítica dura. Para República Dominicana, el mayor riesgo no es tecnológico, sino no leer a tiempo la magnitud del giro histórico que ya está en marcha.
Agencia EFE. (2026, 23 de enero). La inteligencia artificial como nuevo eje del poder geopolítico global [Opinión]. Diario Libre. https://www.diariolibre.com/opinion/agora/2026/01/23/la-inteligencia-artificial-como-nuevo-eje-del-poder-geopolitico-global/3413778




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