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Salmo del día

  • 17 feb
  • 1 Min. de lectura

El salmo proclama dichoso al hombre que Dios educa con su ley. El Señor no abandona a su pueblo, sostiene al justo y le da esperanza. En las caídas y preocupaciones, su misericordia y consuelo se vuelven fortaleza y alegría.


El Salmo 93 destaca la dicha de quien se deja guiar por Dios en tiempos difíciles

Jerusalén. El Salmo responsorial proclamado hoy (Sal 93,12-13a.14-15.18-19) ofrece un mensaje de esperanza y confianza para quienes atraviesan momentos de prueba, recordando que la verdadera dicha se encuentra en dejarse educar por el Señor.


El texto comienza con una afirmación central: «Dichoso el hombre a quien tú educas, Señor», subrayando que la enseñanza divina no solo corrige, sino que también sostiene y prepara al creyente para afrontar los años duros con serenidad.


El salmista destaca que Dios no abandona a su pueblo ni lo rechaza, reafirmando que la justicia y el derecho finalmente prevalecerán para quienes permanecen rectos de corazón. Esta promesa se convierte en un pilar de confianza frente a las dificultades e incertidumbres de la vida.


En los versos finales, el salmo adquiere un tono íntimo y profundamente humano: cuando el creyente siente que va a tropezar, es la misericordia del Señor la que lo sostiene. Y cuando las preocupaciones se multiplican, los consuelos de Dios se transforman en verdadera delicia y alivio interior.


Este salmo se presenta así como una invitación a perseverar en la fe, reconociendo que incluso en medio del sufrimiento, la presencia de Dios educa, acompaña y fortalece.

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