Salmo del día
- 29 ene
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El salmo proclama la fidelidad de Dios a la promesa hecha a David. El Señor recuerda sus afanes, asegura un descendiente en su trono y elige a Sión como morada eterna, signo de alianza y esperanza para su pueblo.

El salmo del día resalta la fidelidad de Dios a la promesa hecha a David
El Salmo 131 (132), proclamado este viernes en la liturgia, centra su mensaje en la fidelidad de Dios y en la alianza establecida con el rey David, una promesa que, según el texto bíblico, no será retirada ni olvidada.
La oración recuerda, en primer lugar, los esfuerzos y sacrificios de David, quien juró no descansar hasta encontrar un lugar digno para el Señor. El salmista subraya así la entrega total del rey y su deseo de asegurar una morada para Dios, presentada como un acto de fe, compromiso y obediencia.
El núcleo del salmo se sitúa en la promesa divina: “A uno de tu linaje pondré sobre tu trono”. Con estas palabras, se reafirma el juramento del Señor a David, condicionado a la fidelidad de sus descendientes a la alianza y a los mandatos transmitidos. El texto insiste en que la continuidad del trono está ligada a la observancia de esa relación de fidelidad entre Dios y su pueblo.
El salmo concluye destacando la elección de Sión como lugar definitivo de la presencia divina. Jerusalén aparece como la morada deseada por el Señor, el espacio donde decide habitar “para siempre”, reforzando la idea de estabilidad, protección y cercanía con su pueblo.
En conjunto, el Salmo 131 ofrece un mensaje de esperanza y confianza: la promesa de Dios permanece firme a lo largo del tiempo y se sostiene sobre la fidelidad, tanto divina como humana. La respuesta litúrgica “El Señor Dios le dará el trono de David, su padre” resume esta convicción central que atraviesa toda la oración.




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