Salmo del día
- 4 feb
- 1 Min. de lectura
El Salmo 102 alaba la misericordia eterna de Dios. Invita a bendecir al Señor y no olvidar sus beneficios, recordando su ternura de Padre que conoce nuestra fragilidad. Su justicia permanece en quienes guardan su alianza.

El Salmo 102 proclama la ternura y misericordia eterna de Dios
En la liturgia de hoy, el Salmo Responsorial 102 invita a los fieles a elevar una alabanza sincera al Señor, recordando sus beneficios y su amor constante hacia la humanidad.
El texto comienza con un llamado personal y profundo: “Bendice, alma mía, al Señor”, exhortando a no olvidar nunca las gracias recibidas. A lo largo del salmo, se presenta a Dios como un padre lleno de ternura, que comprende la fragilidad humana: “se acuerda de que somos barro”.
El mensaje central resalta que la misericordia divina no es pasajera, sino permanente: “La misericordia del Señor dura siempre”, especialmente para quienes permanecen fieles a su alianza y cumplen sus mandatos.
Este salmo se convierte así en una proclamación de esperanza, recordando que el amor de Dios atraviesa generaciones y acompaña con compasión a quienes buscan vivir según su voluntad.




Comentarios