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Salmo del día

  • 23 feb
  • 1 Min. de lectura

El salmo proclama que la ley del Señor es perfecta, fiel y justa. Sus mandatos alegran el corazón, iluminan y dan vida. El orante pide que sus palabras y pensamientos sean agradables a Dios, su Roca y Redentor.


La Palabra que ilumina y da vida

El Salmo 18 (8-10.15) proclama la grandeza y perfección de la ley del Señor, resaltando su capacidad de transformar el corazón humano. Bajo el estribillo “Tus palabras, Señor, son espíritu y vida”, el salmista exalta la fuerza vivificadora de la Palabra divina.


El texto describe la ley del Señor como perfecta y capaz de dar descanso al alma. No se trata de normas opresivas, sino de orientaciones que conducen a la plenitud. El precepto divino es presentado como fiel y sabio, capaz de instruir incluso a quienes carecen de conocimiento, mostrando que la revelación es accesible a todos.


Asimismo, los mandatos del Señor son rectos y generan alegría en el corazón. La norma divina, lejos de ser pesada, ilumina la mirada y da claridad al discernimiento. El salmo subraya que el temor del Señor entendido como respeto reverente es puro y permanente, mientras que sus mandamientos son verdaderos y justos.


La oración concluye con una súplica personal: que las palabras y pensamientos del creyente sean agradables ante Dios, reconocido como “Roca” y “Redentor”. Esta imagen expresa confianza y firmeza, al tiempo que reafirma la dependencia del ser humano respecto a su Creador.


El pasaje invita a valorar la Palabra de Dios como guía segura, fuente de sabiduría y camino de vida auténtica.

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