Salmo del día
- hace 4 días
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El salmista agradece a Dios porque escucha su clamor y fortalece su alma. Proclama su misericordia eterna y confía en que el Señor completará su obra y no abandonará a quien invoca su nombre.

Acción de gracias y confianza plena en la fidelidad de Dios
El Salmo 137 se presenta como un canto de gratitud confiada, en el que el salmista proclama la fidelidad y misericordia del Señor. La respuesta litúrgica resume el sentimiento central: “Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor”, una afirmación que refleja la experiencia viva de quien ha sentido el auxilio divino en momentos de dificultad.
El texto comienza con una acción de gracias “de todo corazón”, reconociendo que Dios escucha las palabras de quien clama con sinceridad. La alabanza no se limita a lo íntimo, sino que se manifiesta públicamente, incluso “delante de los ángeles”, en un gesto de adoración y reverencia hacia el santuario.
El salmista destaca dos atributos fundamentales de Dios: su misericordia y su lealtad. La promesa divina, afirma, supera toda expectativa humana y fortalece el alma de quien confía. No se trata solo de un consuelo espiritual, sino de una renovación interior que acrecienta el valor ante las pruebas.
La expresión “Tu derecha me salva” simboliza la fuerza protectora del Señor, mientras que la súplica final reafirma la certeza de que Dios no abandona la obra de sus manos. El salmo concluye así con una declaración de esperanza firme: la misericordia del Señor es eterna y su fidelidad acompaña cada etapa de la vida.
Este cántico invita a los creyentes a reconocer los favores recibidos, agradecer con humildad y mantener la confianza en la acción constante de Dios.
℟. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor.




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