Salmo del día
- hace 3 días
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El salmista clama desde lo profundo, reconociendo que nadie resistiría si Dios llevara cuenta de los pecados. Proclama que del Señor viene el perdón, la misericordia y la redención, e invita a esperar en Él con confianza.

Salmo Responsorial – Salmo 129 (130)
℟. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
El salmo nos sitúa en una experiencia profundamente humana: el clamor que nace desde lo hondo del corazón. No es una oración superficial, sino un grito que brota desde la fragilidad, desde la conciencia del pecado y la necesidad de auxilio. El salmista suplica que el Señor incline su oído y escuche su voz.
La pregunta central resuena con fuerza: “Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?” Es el reconocimiento humilde de que nadie puede justificarse por sí mismo ante Dios. Sin embargo, inmediatamente surge la esperanza: de Él procede el perdón. No es el castigo lo que define a Dios, sino la misericordia.
El salmo transmite una actitud de espera confiada. El alma aguarda al Señor “más que el centinela la aurora”. La imagen es poderosa: así como el vigilante anhela la luz que pone fin a la noche, el creyente espera la intervención salvadora de Dios. Es una espera activa, sostenida por la fe en su palabra.
Finalmente, el salmista proclama que del Señor viene la misericordia y la redención abundante. Él no solo perdona, sino que libera plenamente. El mensaje es claro: ninguna culpa es más grande que su amor.
Este salmo nos invita hoy a reconocer nuestras faltas sin desesperar, a clamar con confianza y a esperar en la infinita misericordia de Dios.
Palabra de Dios.




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