Salmo del día
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El salmo destaca la bendición de confiar en el Señor: quien medita su Palabra y sigue su camino es dichoso, como un árbol fértil y firme. Los impíos, en cambio, son inestables y efímeros.

Salmo Responsorial: Dichoso el justo que confía en Dios
El Salmo 1 (1, 1-4.6) nos ofrece una enseñanza clara sobre la bendición de vivir en fidelidad a Dios y sus mandamientos. Se nos presenta el contraste entre dos caminos: el del justo y el del impío.
℟. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.
El salmista describe al hombre justo como aquel que evita el consejo de los impíos, no sigue la senda de los pecadores y se mantiene al margen de quienes se burlan de Dios y de la verdad. En cambio, su alegría está en la Ley del Señor, que medita día y noche. Esta dedicación lo convierte en un “árbol plantado al borde de la acequia”, símbolo de estabilidad y prosperidad: da fruto a su tiempo, sus hojas no se marchitan, y todo lo que emprende tiene buen fin.
Por el contrario, los impíos son comparados con la paja que el viento arrastra: carecen de raíces firmes y su camino termina mal. La diferencia entre ambos destinos subraya que la verdadera seguridad y bienestar provienen de confiar y caminar con Dios.
Este salmo invita a la reflexión sobre nuestras elecciones diarias: la fidelidad a Dios y la meditación en su palabra producen frutos duraderos en nuestra vida, mientras que la cercanía a la maldad solo conduce a la inestabilidad y al fracaso.




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