Salmo el día
- 2 feb
- 2 Min. de lectura
El Salmo proclama la entrada gloriosa del Señor, Rey poderoso y victorioso. Invita a abrir las puertas del corazón para acoger al Dios del universo, fuerte en la batalla y digno de toda alabanza y gloria eterna.

El Salmo 23 proclama la realeza y la gloria de Dios en la liturgia
El Salmo Responsorial 23 (7-10) invita a los fieles a contemplar la grandeza y soberanía de Dios, presentándolo como el “Rey de la gloria” que irrumpe con poder y majestad. El texto, proclamado en celebraciones litúrgicas, se estructura como un diálogo solemne que refuerza el sentido de expectación y acogida ante la presencia divina.
La proclamación comienza con un llamado simbólico a los “portones” y a las “puertas eternales”, que deben alzarse para permitir la entrada del Rey de la gloria. Esta imagen, cargada de fuerza poética, remite a la apertura del corazón y de la comunidad creyente para recibir a Dios, reconociendo su autoridad suprema.
El salmo profundiza luego en la identidad de ese Rey: “El Señor, héroe valeroso, el Señor valeroso en la batalla”. La expresión subraya el carácter protector y poderoso de Dios, vencedor frente al mal y garante de la justicia. No se trata solo de una figura gloriosa, sino de un Dios que actúa en la historia y acompaña a su pueblo en los momentos de lucha.
La repetición del llamado a los portones refuerza el tono litúrgico y celebrativo del texto, preparando el momento culminante: la afirmación final de que el Rey de la gloria es “el Señor, Dios del universo”. Con esta declaración, el salmo eleva la mirada más allá de lo inmediato y afirma la soberanía universal de Dios sobre toda la creación.
En el contexto litúrgico, este salmo adquiere un significado especial, ya que invita a los creyentes a reconocer la presencia viva de Dios y a renovar su fe en un Señor que reina con poder, gloria y misericordia.




Comentarios