Santo del dia
- lavegaenaccion
- 8 ene
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San Severino, abad y apóstol del Nórico, nacido en familia romana noble, llevó vida austera de ayuno y limosna. Escuchado por poderosos y bárbaros, fundó monasterios, ayudó a los pobres y defendió aldeas, uniendo acción y contemplación.

San Severino, abad, apóstol del Nórico
San Severino nació en el seno de una noble familia romana en la región del Nórico, territorio que hoy comprende parte de Austria y zonas limítrofes de Europa Central. A pesar de su origen acomodado, eligió una vida marcada por la austeridad, la oración constante, el ayuno y la limosna, desprendiéndose de todo privilegio para consagrarse plenamente a Dios y al servicio de los demás.
Dotado de una profunda vida espiritual, pronto se convirtió en consejero escuchado tanto por autoridades romanas como por jefes de pueblos bárbaros, quienes quedaban impresionados por su sabiduría y santidad. En una época de gran inestabilidad política y social, marcada por las invasiones y el colapso del Imperio romano, San Severino fue un verdadero pastor para su pueblo.
Fundó monasterios que se transformaron en centros de oración, ayuda y organización social. Desde allí impulsó la caridad, socorrió a los pobres, protegió a los más vulnerables y defendió aldeas enteras de las incursiones bárbaras, no con las armas, sino con la autoridad moral que brotaba de su vida santa.
San Severino es recordado como un ejemplo luminoso de equilibrio entre acción y contemplación: profundamente unido a Dios, pero plenamente comprometido con las necesidades concretas de su tiempo. Por ello, la Iglesia lo venera como el gran apóstol del Nórico, testigo de que la fe vivida con coherencia puede transformar incluso los períodos más oscuros de la historia.












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