Santo del día
- 31 ene
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San Juan Bosco, sacerdote y fundador de los Salesianos, dedicó su vida a la salvación de los jóvenes pobres y abandonados. Con caridad, alegría y educación preventiva, formó buenos cristianos y ciudadanos honestos.

San Juan Bosco, sacerdote, fundador de los Salesianos
Padre y maestro de los jóvenes
31 de enero
San Juan Bosco dedicó toda su vida a un propósito firme y constante: llevar el mayor número de almas al Cielo. Este ideal marcó su espiritualidad y dio sentido a su incansable labor pastoral, especialmente entre los jóvenes pobres, abandonados y sin educación. Su acción no fue solo social, sino profundamente evangélica: buscó salvar almas formando corazones.
Desde muy niño, Dios fue preparando su misión. A los nueve años tuvo un sueño profético que marcaría su vida: rodeado de muchachos rebeldes, intentaba corregirlos con violencia, hasta que Jesús y la Virgen le enseñaron que solo con mansedumbre, caridad y cercanía lograría conquistarlos. Aquel sueño se convirtió en el fundamento de su método educativo, resumido en su célebre lema: “Da mihi animas, coetera tolle” “Dame almas y llévate lo demás”.
Nacido el 16 de agosto de 1815 en Becchi, en una familia campesina pobre, Juan conoció desde temprano la dureza de la vida. Huérfano de padre a los dos años, debió trabajar en múltiples oficios para poder estudiar. Su inteligencia, memoria prodigiosa y profunda vida espiritual lo llevaron al sacerdocio, siendo ordenado el 5 de junio de 1841.
Como sacerdote en Turín, se volcó con pasión a los jóvenes más vulnerables, muchos de ellos desorientados por la rápida industrialización. El 8 de diciembre de 1844 fundó el Oratorio de San Francisco de Sales, origen de la Congregación Salesiana, y más tarde, junto a santa María Dominica Mazzarello, el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora.
Don Bosco educó siempre desde la alegría, la prevención y la confianza. Su objetivo fue claro: formar ciudadanos honestos y buenos cristianos. A pesar de persecuciones y dificultades, permaneció fiel a la Iglesia y al Papa, ganándose el respeto incluso de sus adversarios.
Murió el 31 de enero de 1888. Fue canonizado en 1934 y san Juan Pablo II lo proclamó “Padre y Maestro de la Juventud”. Su carisma sigue vivo hoy en miles de obras salesianas en todo el mundo, recordándonos que la santidad también se construye con alegría, cercanía y amor concreto a los jóvenes.




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