Santo del dia
- 18 feb
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El Beato Angélico, fraile dominico y pintor, vivió su arte como oración y alabanza a Dios. Sus obras unieron fe y humanismo, iluminando la contemplación cristiana. Humilde y santo, es Patrono Universal de los Artistas.

La Iglesia conmemora al Beato Angélico, el pintor dominico que convirtió el arte en oración
Roma. Este miércoles 18 de febrero, la Iglesia recuerda la figura del Beato Juan da Fiesole, más conocido como Fra Angélico, sacerdote dominico y uno de los artistas más emblemáticos del Renacimiento, cuya obra trascendió la pintura para convertirse en una auténtica expresión de fe contemplativa.
Nacido en Toscana a finales del siglo XIV con el nombre de Guido di Pietro, desde joven mostró una inclinación natural hacia el dibujo y la miniatura. Sin embargo, su búsqueda de la belleza no se limitó al talento artístico: con el paso de los años, ese anhelo lo condujo a percibir una vocación más profunda, orientada a consagrar su vida a Dios, a quien consideraba la “Belleza suprema”.
Junto a su hermano ingresó en el convento dominico de Fiesole, donde la oración, el estudio y la austeridad moldearon su espíritu y su pincel. Para Fra Angélico, la pintura no era solo un oficio, sino un acto de adoración: se cuenta que jamás comenzaba una obra sin antes orar, y que se conmovía profundamente al representar a Cristo crucificado.
Sus frescos y tablas especialmente las Anunciaciones, Vírgenes y Crucifixiones bañadas de luz reflejan una armoniosa síntesis entre el humanismo renacentista y la espiritualidad medieval. Obras como las del convento de San Marcos en Florencia se convirtieron en auténticas catequesis visuales, destinadas a elevar el corazón hacia el misterio cristiano.
Su fama llegó hasta el Vaticano, donde fue llamado por el papa Eugenio IV y posteriormente por Nicolás V, quien, según la tradición, no pudo contener las lágrimas al contemplar sus frescos dedicados a santos mártires.
A pesar del prestigio, Fra Angélico rechazó siempre la riqueza y los honores, incluso cuando se le ofreció el arzobispado de Florencia. Murió en Roma el 18 de febrero de 1455, en el convento de Santa María sopra Minerva, donde reposan sus restos.
San Juan Pablo II reconoció oficialmente su culto en 1982 y, en 1984, lo proclamó Patrono Universal de los Artistas, destacando su legado como ejemplo de que el arte puede ser camino de santidad y alabanza.




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