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Santo del día

  • lavegaenaccion
  • 4 dic 2025
  • 3 Min. de lectura

San Juan Damasceno dejó la vida cortesana por la vida monástica, defendió con brillantez la teología de las imágenes y enriqueció la liturgia oriental. Doctor de la Iglesia, su legado une fe, razón y profunda devoción mariana.



San Juan Damasceno: el teólogo que defendió las imágenes y marcó la espiritualidad de Oriente

Ciudad del Vaticano, 4 de diciembre. – La Iglesia universal recuerda hoy a san Juan Damasceno, sacerdote, monje y doctor de la Iglesia, reconocido como una de las figuras más influyentes de la teología oriental. Nacido en Damasco alrededor del año 675, en una familia cristiana de alta posición dentro del califato, Juan destacó desde joven por su formación intelectual y por una profunda vida espiritual que lo llevó a abandonar los privilegios de la corte para abrazar la vida monástica.


De funcionario del califato a monje en Mar Sabas


Educado en filosofía y teología en Constantinopla, Juan tomó una decisión radical hacia el año 700: dejó su administración en el califato, distribuyó sus bienes entre los pobres, liberó a sus siervos y emprendió una peregrinación por Palestina. Finalmente ingresó en el célebre monasterio de Mar Sabas, entre Jerusalén y Belén. Allí profesó la vida ascética junto a su hermano, fue ordenado sacerdote y llegó a ser predicador en la Basílica del Santo Sepulcro.


Su vida se caracterizó por la oración, la meditación de la Escritura y la caridad activa. Sus escritos e himnos enriquecieron profundamente la liturgia oriental, reflejando un amor ardiente por Cristo y una teología de gran finura.


El gran defensor de las imágenes sagradas


San Juan Damasceno es considerado el teólogo de la imagen, especialmente por su papel decisivo en la defensa del culto a los iconos durante la crisis iconoclasta del Imperio Bizantino. Frente a la prohibición imperial de representar figuras sagradas, sostuvo que la Encarnación del Verbo hacía visible a Dios en la persona de Jesucristo, legitimando así las imágenes como medios para honrar a quien representan.


Benedicto XVI recordó en 2009 que Juan fue uno de los primeros en distinguir entre adoración —reservada solo a Dios— y veneración, que puede dirigirse a las imágenes en cuanto nos remiten al santo representado. Esta distinción sería determinante para restaurar el culto a los iconos, validado finalmente en el II Concilio de Nicea en 787.


Un doctor para Oriente y Occidente


Su obra magna, De fide orthodoxa, sigue siendo referencia fundamental para la teología cristiana. Por su claridad doctrinal y aportes a la reflexión dogmática, fue llamado el “Santo Tomás de Oriente”, título confirmado cuando León XIII lo proclamó Doctor de la Iglesia en 1890.


Entre sus escritos destacan también De haeresibus y los célebres Discursos contra los que calumnian las santas imágenes.


La tradición de la mano reimplantada


Una antigua leyenda oriental narra que, tras ser falsamente acusado de traición, Juan habría perdido la mano derecha, que le fue milagrosamente restituida por intercesión de la Virgen. En agradecimiento, habría añadido una mano de plata al icono venerado, origen de la advocación mariana Tricherusa, “la de tres manos”. Aunque no existe prueba histórica, la tradición subraya la profunda devoción del santo hacia María.


Oración atribuida a san Juan Damasceno


La liturgia conserva una plegaria que expresa su amor filial a la Madre de Dios:


“Te saludo, oh María, esperanza de los cristianos…

guía mi vida para que pueda alcanzar, por tu medio, la felicidad eterna del Paraíso. Amén.”

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