Santo del día
- lavegaenaccion
- 29 dic 2025
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San Tomás Becket, de canciller del rey a arzobispo de Canterbury, defendió la libertad de la Iglesia frente al poder real. Mártir por su fe, murió asesinado por mantener su fidelidad a Cristo y a la Iglesia.

San Tomás Becket: obispo y mártir defensor de la libertad de la Iglesia
29 de diciembre. San Tomás Becket, arzobispo de Canterbury, es recordado como un ejemplo de fe, coraje y fidelidad a la Iglesia. Sus últimas palabras antes de morir"Acepto la muerte por el nombre de Jesús y por la Iglesia"resumen la entrega de un hombre que pasó de ocupar altos cargos de poder a convertirse en mártir por defender la independencia de la Iglesia Católica frente al Estado.
Hombre de Estado
Nacido en Londres en 1118, Tomás Becket provenía de una familia de origen normando y desde joven se inclinó por la vida eclesiástica. Formado en la abadía de Merton y luego en universidades de Francia e Italia, se destacó por sus dotes intelectuales. En 1154 fue nombrado canciller del reino por el rey Enrique II, convirtiéndose en su hombre de mayor confianza. Durante esta etapa, Becket disfrutó de privilegios y poder, pero también se mostró generoso con los pobres y mantuvo una libertad interior frente al monarca.
Al servicio de la Iglesia
En 1161, Tomás aceptó el cargo de arzobispo de Canterbury, un nombramiento apoyado por Enrique II, quien esperaba encontrar en él un aliado. Sin embargo, Becket entendió que su verdadera lealtad era hacia Dios y la Iglesia. Cuando el rey intentó limitar la autonomía eclesiástica mediante las Constituciones de Clarendon, Tomás se negó a firmarlas, afirmando: “En el nombre de Dios omnipotente, no pondré mi sello”. Este acto transformó la relación entre ambos: de amigos, pasaron a ser adversarios.
Mártir de la fe y la libertad
Su firme defensa de la Iglesia le valió el exilio durante seis años en Francia. Al regresar a Canterbury fue recibido con entusiasmo por los fieles, pero con hostilidad por parte de la Corona. El 29 de diciembre de 1170, cuatro caballeros enviaron por orden del rey lo asesinaron a cuchilladas dentro de la catedral. Ante la pregunta de los atacantes sobre si era un traidor, Becket respondió: “Estoy aquí, pero no como traidor, sino como obispo y sacerdote de Dios”.
El impacto de su muerte trascendió Gran Bretaña. Solo tres años después, el 21 de febrero de 1173, el Papa Alejandro III canonizó a Tomás Becket, reconociendo su martirio y su defensa inquebrantable de la fe y de la libertad de la Iglesia.
San Tomás Becket es un ejemplo de cómo la verdadera autoridad se ejerce al servicio de Dios y del pueblo, incluso frente a los poderes más poderosos de la tierra.












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