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Santo del día

  • lavegaenaccion
  • hace 3 días
  • 2 Min. de lectura

San Antonio María Pucci, sacerdote servita, dedicó su vida al servicio pastoral, la caridad y la formación de los laicos. Fue párroco por 48 años, ayudó a los pobres y destacó por su amor a la Virgen y a los necesitados.


La Iglesia recuerda a san Antonio María Pucci, el “curita” de Viareggio y apóstol de la caridad

Este 12 de enero, la Iglesia católica conmemora a san Antonio María Pucci, sacerdote italiano del siglo XIX cuya vida estuvo marcada por una entrega incondicional al servicio pastoral y a los más pobres, hasta el punto de ser recordado por su pueblo como un verdadero “ángel de la caridad”.


Nacido en la región de la alta Toscana, en el seno de una familia campesina humilde pero profundamente creyente, Antonio María Pucci fue bautizado con el nombre de Eustaquio. Desde su infancia mostró una inclinación natural hacia la vida religiosa, dedicando su tiempo libre a colaborar en el cuidado de la iglesia, participar en las celebraciones litúrgicas y recibir la comunión con frecuencia, en una época en la que esto no era habitual.


Atendiendo a la vocación que sentía desde joven, ingresó en la Orden de los Siervos de María Santísima. Ordenado sacerdote en 1843, llegó a ocupar cargos de responsabilidad dentro de su comunidad religiosa, como Definidor General, aunque siempre manifestó que su mayor alegría estaba en el trabajo pastoral directo.


Durante 48 años fue párroco de la iglesia de San Andrés, en Viareggio, donde se ganó el afecto de todos como “el Curita”, un sacerdote cercano, sonriente y siempre disponible. Fue un adelantado a su tiempo en la organización del laicado, impulsando asociaciones para jóvenes, hombres y mujeres, y fomentando una participación activa de los fieles en la vida de la Iglesia. Además, fundó una congregación femenina dedicada al cuidado de niños enfermos.


Su testimonio se hizo especialmente visible durante la epidemia de cólera de 1854, cuando se entregó por completo al cuidado de los enfermos y necesitados, sin reservar nada para sí. Esta dedicación extrema debilitó su salud y, años más tarde, una neumonía fulminante causó su muerte en 1892.


San Antonio María Pucci fue beatificado por el papa Pío XII en 1952 y canonizado por san Juan XXIII en 1962. Su legado permanece como ejemplo de sencillez, fidelidad al deber y caridad heroica, resumido en una de sus frases más recordadas: “No es necesario tener una larga vida, pero sí aprovechar el tiempo que Dios nos da para cumplir con nuestro deber”.

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