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Santo del día

  • lavegaenaccion
  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura

San Hilario de Poitiers, obispo y doctor de la Iglesia, fue un gran defensor de la fe trinitaria. Convertido del paganismo, combatió el arrianismo, sufrió el exilio y dejó una obra teológica decisiva para el cristianismo occidental.


San Hilario de Poitiers, defensor de la fe y doctor de la Iglesia

Cada 13 de enero, la Iglesia conmemora a san Hilario de Poitiers, obispo del siglo IV y uno de los grandes doctores de la Iglesia latina, reconocido por su firme defensa de la fe cristiana frente a las herejías trinitarias, especialmente el arrianismo.


Aunque son escasos los datos biográficos sobre su vida, san Hilario dejó una abundante producción teológica que lo consolidó como un verdadero Defensor Fidei. Nació en el seno de una familia galo-romana acomodada y pagana, donde recibió una sólida formación literaria y filosófica. Fue tras su conversión al cristianismo cuando, según él mismo relató, encontró el sentido pleno del destino del ser humano. La lectura del prólogo del Evangelio de san Juan marcó decisivamente su camino interior.


Ya adulto, casado y con una hija, recibió el bautismo y entre los años 353 y 354 fue elegido obispo de Poitiers. Su episcopado coincidió con un período de intensas tensiones doctrinales, en el que diversas corrientes heréticas como las de Arrio, Ebión y Fotino ponían en riesgo el núcleo de la fe cristiana. Hilario se destacó por su valentía y profundidad teológica al sostener que solo si Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre puede ser el auténtico salvador de la humanidad.


Su compromiso le costó el exilio. Durante el imperio de Constancio II, fue acusado injustamente y desterrado a Frigia, en la actual Turquía, donde permaneció cuatro años. Lejos de silenciarlo, el exilio fortaleció su labor intelectual. A su regreso a Poitiers fue recibido con entusiasmo y retomó su misión pastoral, apoyando también a san Martín de Tours, con quien impulsó la fundación del monasterio de Ligugé, el más antiguo de la Galia.


San Hilario murió en el año 367, dejando una herencia doctrinal de gran valor: comentarios bíblicos, himnos y tratados teológicos, entre ellos el primer comentario en latín al Evangelio de Mateo. Sus obras fueron difundidas siglos después por Erasmo de Rotterdam.


En 2007, el papa Benedicto XVI destacó la profundidad de su pensamiento al resumir su doctrina con una afirmación clave de Hilario: “Dios solo sabe ser amor y solo sabe ser Padre”, una expresión que sigue iluminando la comprensión cristiana del misterio de Dios.

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