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Santo del día

  • lavegaenaccion
  • hace 5 horas
  • 2 Min. de lectura

San Mauro, abad y discípulo predilecto de san Benito, fue confiado desde joven al monacato. Fundó un monasterio en Francia e inspiró la congregación benedictina de los Mauristas, suprimida durante la Revolución francesa.


San Mauro, abad: discípulo fiel de san Benito y padre del monacato occidental

San Mauro es una de las figuras más representativas del primer monacato benedictino y un testimonio de obediencia, disciplina y entrega total a la vida monástica. Hijo de un patricio romano, fue confiado desde muy joven a san Benito de Nursia en el Sacro Speco de Subiaco, donde se formó bajo la guía directa del fundador de la orden benedictina.


La tradición lo reconoce como el discípulo predilecto de san Benito, célebre por su fidelidad absoluta y por un episodio emblemático narrado en los Diálogos de san Gregorio Magno, en el que Mauro camina sobre las aguas por obediencia al mandato de su maestro. Este hecho simboliza la espiritualidad benedictina, centrada en la obediencia confiada y la humildad.


San Mauro fue nombrado abad de Subiaco, donde continuó la obra de organización y consolidación de la vida monástica iniciada por san Benito. Más tarde fue enviado a Francia, donde fundó un monasterio que se convirtió en un importante foco de espiritualidad, cultura y evangelización en Europa occidental. Desde allí, la regla benedictina se difundió con fuerza, marcando profundamente la vida religiosa y social del continente.


Siglos después, su legado inspiró a la Congregación de los Mauristas, una rama reformada de la orden benedictina reconocida por su rigor espiritual y su extraordinaria contribución al estudio bíblico, histórico y patrístico. Esta congregación sería trágicamente exterminada durante la Revolución francesa, pero su influencia intelectual y espiritual perdura hasta hoy.


San Mauro es venerado como modelo de monje y abad, ejemplo de obediencia, constancia y servicio. Su vida recuerda que la fidelidad silenciosa y el trabajo perseverante pueden dejar una huella duradera en la historia de la Iglesia.

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