Santo del día
- 23 feb
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San Policarpo, obispo de Esmirna y discípulo de los Apóstoles, defendió la fe con firmeza, combatió herejías y fortaleció a las comunidades cristianas. A los 86 años fue martirizado por negarse a renegar de Cristo, dando testimonio valiente hasta el final.

Iglesia conmemora este 23 de febrero a San Policarpo, obispo y mártir del siglo II
La Iglesia católica celebra este 23 de febrero la memoria de San Policarpo, obispo de Esmirna y una de las figuras más representativas del cristianismo primitivo. Reconocido como discípulo del apóstol san Juan, Policarpo es considerado un puente entre la generación apostólica y los primeros Padres de la Iglesia.
Su vida y martirio quedaron recogidos en el Martyrium Polycarpi, documento atribuido a un testigo ocular y considerado una de las actas martiriales más antiguas y auténticas del cristianismo. En ese texto aparece por primera vez el término “mártir” para definir a quien muere por causa de su fe.
Durante su prolongado episcopado en Esmirna, ciudad ubicada en la actual Turquía, Policarpo se distinguió por su firme defensa de la doctrina apostólica, la difusión del Evangelio entre los paganos y su oposición a diversas corrientes heréticas. Ireneo de Lyon, quien lo conoció en su juventud, lo describió como un pastor paciente y bondadoso, especialmente atento a viudas y esclavos.
En el año 107, Policarpo recibió en Esmirna a Ignacio de Antioquía, quien era conducido a Roma para enfrentar el martirio. De ese encuentro surgieron vínculos epistolares de gran valor histórico. Más adelante, Policarpo escribiría su conocida Carta a los Filipenses, en la que exhorta a la comunidad a perseverar en la fe y a mantener viva la esperanza en la resurrección.
Hacia el año 154 viajó a Roma para dialogar con el papa Aniceto sobre la fecha de la celebración de la Pascua. Aunque no lograron unificar criterios, el encuentro se desarrolló en un clima de respeto y comunión eclesial.
Su martirio ocurrió bajo el reinado del emperador Antonino Pío. Arrestado y llevado ante el procónsul, se negó a renegar de Cristo pese a las amenazas. Según las actas, declaró: “Hace ochenta y seis años que le sirvo y no me ha hecho ningún mal. ¿Cómo podría blasfemar contra mi Rey y Salvador?”. Condenado inicialmente a la hoguera y luego ejecutado con espada, Policarpo selló con su muerte un testimonio que marcaría profundamente la memoria cristiana.
La tradición sitúa su martirio el 23 de febrero del año 155, fecha que la Iglesia mantiene como memoria litúrgica en honor a uno de los más antiguos y firmes testigos de la fe.




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