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Evangelio del día

  • 13 abr
  • 2 Min. de lectura

Jesús enseña a Nicodemo que para entrar en el Reino de Dios es necesario “nacer de nuevo”, es decir, una transformación espiritual por el Espíritu. El pasaje invita a renovar la vida desde la fe y la acción de Dios.



Jesús llama a “nacer de nuevo” en diálogo con Nicodemo, según el Evangelio de este martes

El Evangelio de este martes presenta el encuentro entre Jesús y un fariseo llamado Nicodemo, quien acude de noche en busca de respuestas espirituales, reconociendo en el Maestro una presencia proveniente de Dios.


El pasaje, tomado del Evangelio según San Juan (Jn 3, 1-8), recoge un diálogo profundo en el que Jesús introduce uno de los conceptos más significativos de su enseñanza: la necesidad de “nacer de nuevo” para poder ver el Reino de Dios.


Nicodemo, desconcertado, interpreta estas palabras en sentido literal, cuestionando cómo un hombre puede volver al vientre materno. Sin embargo, Jesús aclara que se trata de un nacimiento espiritual: “el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios”.


La enseñanza establece una distinción entre lo material y lo espiritual, señalando que “lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu”. De esta manera, el mensaje apunta a una transformación interior profunda, más allá de lo físico.


Jesús utiliza además la imagen del viento para explicar la acción del Espíritu, destacando su carácter invisible pero real, y su libertad: “el viento sopla donde quiere… así es todo el que ha nacido del Espíritu”.


El texto subraya la invitación a una renovación interior como condición para comprender y vivir plenamente el mensaje del Reino, planteando una fe que trasciende lo visible y se fundamenta en la acción del Espíritu.

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