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Salmo del día

  • lavegaenaccion
  • 6 dic 2025
  • 1 Min. de lectura

El salmo alaba al Señor por su bondad y poder: Él reconstruye a su pueblo, sana corazones heridos y conoce cada estrella por su nombre. Su sabiduría es infinita; sostiene a los humildes y derriba a los malvados. Felices quienes esperan en Él.



El Salmo 146 proclama la grandeza de Dios y su cercanía con los humildes

El Salmo responsorial de este domingo, tomado del capítulo 146, invita a la comunidad a alabar a Dios con alegría, resaltando que “la música es buena” y que el Señor merece una alabanza armónica. El texto celebra a un Dios que reconstruye, reúne y restaura: “El Señor reconstruye Jerusalén y reúne a los deportados de Israel”, afirma el salmista, en una referencia directa a la esperanza del pueblo tras el exilio.


Uno de los pasajes más consoladores describe a Dios como aquel que “sana los corazones destrozados y venda sus heridas”, mostrando un rostro profundamente compasivo. El salmo también exalta la soberanía divina, al recordar que Dios “cuenta el número de las estrellas y a cada una la llama por su nombre”, una imagen que subraya su poder infinito.


En contraste con esa inmensidad, el texto remarca que el Señor se inclina hacia los más pequeños: “sostiene a los humildes”, mientras que “humilla hasta el polvo a los malvados”. La respuesta del día “Dichosos los que esperan en el Señor” resume el mensaje de confianza en la protección y la justicia divina.


Este salmo acompaña la liturgia dominical como un llamado a la esperanza activa, especialmente para quienes atraviesan momentos de prueba, recordando que Dios cura, levanta y guía con sabiduría que “no tiene medida”.

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